"Los pueblos sin memoria no tienen futuro"
- 19 ago 2017
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Actualizado: 21 ago 2024
20 DE AGOSTO DE 1976- MASACRE DE FÁTIMA
En la noche del 19 al 20 de agosto de 1976, treinta prisioneros que estaban ilegalmente privados de su libertad, detenidos a disposición de nadie con la denominación "RAF" (por la Royal Air Force) porque "estaban en el aire", es decir no registrados, alojados en el tercer piso del edificio de la Superintendencia de Seguridad Federal (Ex Coordinación Federal) de la entonces Policía Federal Argentina, en la calle Moreno 1417 de la ciudad de Buenos Aires, fueron sacados de allí por un grupo de tareas policial dependiente del Cuerpo I de Ejército.
Fueron trasladadas a un entonces camino vecinal cercano a la localidad bonaerense de Fátima (Avda. Atalaya y calle Gorostiaga, a unos 130 metros al oeste de la Ruta Nacional 8, altura Km. 62, calzada hacia el sur, Pilar y Buenos Aires); coordenadas GMS 34°26'04.4"S 58°59'28.0"O; GD -34.434567, -58.991113) donde, atados y vendados para impedir que tuvieran visión, recibieron disparos en la cabeza desde una distancia menor a un metro, según acreditó en 1985 la Cámara Federal porteña.
Los cuerpos fueron apilados y dinamitados en el lugar, dispersándose sus restos en por un radio de unos treinta metros.
Así fueron brutalmente asesinados: Inés Nocetti; Roberto Héctor Olivestre; Ramón Lorenzo Vélez; Enrique Jorge Aggio; Ángel Osvaldo Leiva; María Rosa Lincon; Alberto Evaristo Comas; Oscar Eladio Ledesma Medina; Conrado Alzogaray; Jorge Daniel Argente; Carlos Raúl Pargas; Ricardo José Herrera; José Daniel Bronzel; Cecilia Podolsky de Bronzel: Susana E. Pedrini de Bronzel; Haydée Cirullo de Carnaghi: Carmen María Carnaghi; Juan Carlos Pasquarosa; José Jacinto Pasquarosa; Ernesto María Saravia Acuña; Norma Susana Frontini; Selma Julia Ocampo; Horacio O. García Gastelú y Marta Alicia Spagnoli de Vera. Ledesma Medina, un joven trabajador de nacionalidad paraguaya, de 20 años fue la última víctima que identificara el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en mayo de 2019; quedaban aún cinco cuerpos sepultados como N.N.
Los médicos legistas que se constituyeran en Fátima, encontraron en un bolsillo de los restos de ropa de una de las víctimas un trozo de papel con la inscripción “30 x 1”.


Fue la matanza más brutal de la última dictadura militar que se conoce; motivada en la sed de venganza por el homicidio del general Omar Actis, atribuido días antes a Montoneros; aunque otras líneas de investigación indican que Actis, presidente del ente Autárquico Mundial ’78, murió por acción de un grupo de tareas de la ESMA, en medio de una interna entre la Armada - comandada por el almirante Emilio Massera- y el Ejército –encabezado por Jorge Rafael Videla-; finalmente, la organización del Mundial quedó en manos del almirante Carlos Alberto Lacoste, un hombre de la confianza de Massera.
Un ex agente de inteligencia, Juan Alberto Ambas, declaró en sede judicial que las víctimas fueron entregadas a las fuerzas de la represión militar-policial por directivos de las empresas Bendix, Royo, Ford y Astra.
Por las características del hecho, con los restos humanos esparcidos por el campo, la dictadura militar no pudo argumentar, como en otros casos que trascendiera al conocimiento público, que había sido un enfrentamiento. El propio Jorge Rafael Videla se vio obligado a condenar este "hecho de violencia" y el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, repudió todos los extremismos durante una conferencia de prensa que diera en Salta. Pero luego de recoger los cuerpos, sin identificarlos y sin una investigación que realmente lo fuera, se cerró la causa y las victimas fueron enterradas como "N.N." en el cementerio de Derqui.

La Superintendencia –asiento del Grupo de Tareas 2 (GT2)- fue uno de los once centros clandestinos de detención que funcionaron bajo la órbita directa del Cuerpo I del Ejército a cargo del general Carlos Guillermo Suárez Mason.
En cada piso del edificio se cumplía una función específica. El tercer piso estaba destinado mantener a los apresados, en calabozos de 2×1, conocidos como “tubos”.
Pasaron los años y entonces se pudo llevar a cabo la investigación judicial, identificándose a algunos pocos responsables del hecho.
El 18 de julio de 2008 el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 5 dictó sentencia con relación a éste hecho aberrante, condenando al comisario general (R) de la Policía Federal Argentina Juan Carlos Lapuyole a la pena de prisión perpetua, accesorias legales y costas, por ser autor mediato penalmente responsable del delito de privación ilegítima de la libertad agravada por su carácter de funcionario público, reiterada en treinta oportunidades, que concurre materialmente con el delito de homicidio calificado por alevosía, reiterado en treinta oportunidades.
También condenó al comisario inspector (R) de dicha policía Carlos Enrique Gallone a la pena de prisión perpetua, accesorias legales y costas, por ser coautor penalmente responsable del delito de privación ilegítima de la libertad agravada por su carácter de funcionario público, reiterada en treinta oportunidades, que concurre materialmente con el delito de homicidio calificado por alevosía, reiterado en treinta oportunidades.
Asimismo, la sentencia absolvió a otro procesado en la misma causa, el comisario inspector (R) de la misma policía, Miguel Ángel Timarchi, cuya libertad se ordenó en el mismo acto.
En octubre de 2010 la Cámara Nacional de Casación Penal ratificó las condenas a prisión perpetua contra los ex jefes policiales Juan Carlos Lapuyole y Carlos Enrique Gallone, impuestas el 18 de julio de 2008 por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Cinco (TOF5).
Entonces Juan Carlos Lapuyole tenía 80 años y Carlos Enrique Gallone 65.
También confirmó la absolución del comisario retirado Miguel Angel Trimarchi, de 67 años. Ambos estaban privados de la libertad. A partir de ahí, hubo “silencio de radio”; nada más respecto de estos sujetos.
Juan Carlos Lapuyole, alias “El Francés”, que fuera jefe de inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF), antes Coordinación Federal, murió el 15 de octubre de 2014.
Entonces Luis Alberto Martínez, otro oficial de policía conocido como "Chino" o "Japonés" se mantenía prófugo desde mayo de 2004.
Otro imputado, Carlos Vicente Marcote, murió impune antes del juicio oral.
En el lugar del hecho, un sencillo monumento recuerda a las treinta víctimas.
La sentencia respectiva reseña detalladamente las circunstancias del caso.
Se puede leer y/o descargar cliqueando sobre la siguiente imagen:
UNA FOTO QUE ENGAÑA
En 1982 Gallone prestaba servicios en la comisaría cuarta, debiendo vigilar a las Madres de Plaza de Mayo, que en sus marchas daban vueltas tratando de llegar a la Casa de Gobierno e impedir que lo hicieran.
El 5 de octubre de 1982 las Madres de Plaza de Mayo convocaron a una “Marcha por la Vida”, buscando respuestas por los desaparecidos.
Aún se pedía “aparición con vida”. La dictadura transitaba su lenta retirada pero con pleno poder represivo.
El foto-periodista Marcelo Ranea tomó la fotografía que desencadenó una farsa, ajena a la voluntad del trabajador de prensa gráfica.

La escena del aparente y compasivo abrazo del entonces comisario Carlos Enrique Gallone a Susana de Leguía, una de las madres, no es tal. Previamente, indignada, a los gritos, reclamaba su derecho a llegar hasta la Plaza, llegando a golpear en el pecho a Gallone. Éste, sabiendo que ante público y periodistas era el único recurso posible para inmovilizarla, la atrajo con fuerza hacia sí y fingió apoyarla.
La otra posibilidad habría sido detenerla; pero optó por no llegar a eso delante de todos.

La foto fue publicada en la portada de “Clarín” de 6 de octubre de 1982, con el título “PACÍFICA CONCENTRACIÓN EN EL CENTRO. Miles de manifestantes recorrieron ayer la zona céntrica de esta capital y reclamaron de viva voz por los desaparecidos y los detenidos políticos. La multitud no pudo, sin embargo, llegar hasta la Plaza de Mayo a raíz del fuerte dispositivo de seguridad. En la foto, un oficial de la Policía consuela a una de las asistentes”.

Las imágenes fueron obtenidas por Marcelo Ranea para la agencia Diarios y Noticias (DyN). La del “abrazo” dio la vuelta al mundo. Recordaría posteriormente Ranea que “Se produjo una escena de tensión entre Susana De Leguía, la madre que es abrazada y el oficial Gallone, cuyo nombre yo ignoraba en ese momento”.
Con el uso de esa foto comenzó una campaña de “limpieza de imagen” con eco en el exterior. Un año más tarde, caía la administración militar.

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